
Fiesta Nacional de la República Italiana
20/06/2007
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El viernes 1 de junio de 2007 se llevó a cabo en la Residencia de Italia la tradicional recepción para la Fiesta Nacional italiana.
La Fiesta de la República se celebra cada 2 de junio para conmemorar al Referéndum institucional convocado a sufragio universal el 2 y 3 de junio de 1946, mediante el cual los italianos fueron llamados a decidir que forma de Gobierno dar al País.
En esta ocasión el Embajador de Italia Silvio Mignano pronunció un discurso dirigido a los conacionales y a los ciudadanos bolivianos presentes en la recepción
DISCURSO DE S.E. EL EMBAJADOR SILVIO MIGNANO
Excelentísimo Señor Presidente del Senado de la República de Bolivia,
Excelentísima Señora Ministra,
Excelentísimos Señores Ministros,
Excelentísimo Señor Prefecto del Departamento de Cochabamba,
Excelentísimo Señor Vice Canciller, Autoridades nacionales, departamentales, locales y originarias,
Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico y nuestro querido decano,
Excelentísimos colegas Embajadores y miembros del cuerpo diplomático y consular y de las organizaciones y agencias internacionales,
Señores Cónsules Honorarios italianos y personal de la Embajada y de la cooperación italiana en Bolivia,
Presidentes e integrantes de los Círculos Italianos, Sociedades Dante Alighieri, Cámara de Comercio Italo-Boliviana, Escuelas italianas,
Queridos misioneros, religiosos, voluntarios, representantes de las ongs italiana,
Estimado Maestro y Premio Nacional Alfredo La Placa,
Cari connazionali,
Damas y caballeros:
Dania y yo les damos la más cordial y cariñosa bienvenida al día nacional de Italia.
Un día como hoy, hace sesenta y un años, el pueblo italiano, a través del instrumento del referéndum, eligió la forma estatal de la república, la forma de gobierno que exalta al máximo nivel los principios de participación democrática y de titularidad del interés estatal en manos de todas ciudadanas y todos ciudadanos: esa forma de gobierno que nuestros grandes juristas romanos, padres no sólo de nuestro derecho sino de muchos sistemas jurídicos hoy vigentes en el mundo, ya habían estudiado y aclarado hace más que dos milenios.
«Dici possint, cur illa sit res publica resque populi», dejó escrito quizá el más grande de todos, Cicerón. Res Publica, cosa pública, o sea del pueblo.
Aquella decisión del pueblo italiano representó la cumbre de un largo camino de desarrollo civil, que tuvo sus etapas fundamentales en el movimiento del Risorgimento, en las guerras de independencia y en la resistencia contra el fascismo. La República fue la conclusión verdadera de la unidad de la patria, el momento de la reconciliación nacional y el punto de salida hacia el gran desarrollo económico, social, cultural y democrático de nuestro País durante las décadas de los Cincuenta y de los Sesenta. La construcción de la Italia hodierna, País fuerte, sólido, miembro del G8, miembro fundador de la Unión Europea.
Un País que siempre ha tenido en su extraordinaria diversidad cultural y humana su propia fuerza, pese a las dificultades y a las debilidades que en algunos momentos esta característica ha inevitablemente conllevado. Un País donde decenas de grandes culturas han pasado dejando sus huellas pero sobre todo integrándose en el tejido humano que hoy compone ese mosaico que llamamos Italia: Etruscos, Latinos, Galos, Fenicios, Cartagineses, Griegos, Romanos, Bizantinos, Germánicos, Árabes, Normanos, Españoles, Franceses, Austriacos, Eslavos. Como siempre ocurre en la historia, se ha tratado de toda clase de encuentros, unos pacíficos, otros menos, sin embargo los detalles pertenecen a un pasado que hay que conocer pero que también hay que dejar detrás, porque nosotros italianos somos, hoy, el resultado de esta extraordinaria mezcla. Gracias a ella, a sus miles de colores, de lenguas, de voces, somos el País donde los florentinos Miguel Ángel y Dante Alighieri han dejado testimonios de sus desafíos titánicos a la Creación, con el pincel, el mármol y las palabras; donde el lombardo Caravaggio ha revolucionado la pintura con sus luces, sus sombras y la carne palpitante de sus figuras; donde el veneciano Goldoni y el premio Nobel siciliano Pirandello han escrito paginas inolvidables de teatro; donde el emiliano Giuseppe Verdi ha dado voz y música a pasiones universales y el romano Enrico Fermi ha descubierto la fuerza pacífica del átomo, los genoveses Cristóbal Colón y Giuseppe Garibaldi han explorado el ignoto y luchado por la libertad y independencia de dos mundos. Y, dicho sea de paso, estas calidades han permitido también que nuestros equipos ganaran el Campeonato del Mundo y la Copa de Campeones. Es un mestizaje que sigue hoy enriqueciéndose con el aporte de tantos inmigrados extranjeros, así como gran parte de nuestro progreso se debe a los millones de italianos que un día fueron emigrantes, y muchos en esta parte del mundo, en el hermoso continente suramericano, y en la propia bella Bolivia. A esos emigrantes y a la comunidad italiana residente en el exterior, y en este caso específicamente en Bolivia, todos debemos nuestra gratitud, y a los inmigrantes que trabajan seria y honestamente en Italia, muchos de ellos bolivianos, debemos también nuestra gratitud.
Existen muchos puntos en común entre Bolivia e Italia, dos Países lejanos geográficamente, pero tan cercanos desde el punto di vista cultural y humano que a veces uno se olvida que haya un Mediterráneo, un Atlántico y una Amazonía entre nosotros, y casi sueña que nuestras fronteras sean comunes, una al lado de la otra.
Dos Países de múltiples idiomas, gentes y culturas, que tienen su fuerza en la diversidad y en el armonía entre las diversidades, en el compromiso, el trabajo y la creatividad de sus gentes. Dos Países que han dado una huella fundamental a las antiguas culturas y civilizaciones de sus respectivos continentes, que han alcanzado su unidad e independencia en el siglo Diecinueve, que están buscando su desarrollo, su prosperidad y su papel en la integración regional, que cumplen hoy importantes tareas juntos, como en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
La amistad entre Italia y Bolivia es larga y existe desde siempre, desde los casi ciento cincuenta años de independencia italiana, y nunca ha cesado de existir. Nuestros conciudadanos han dado un aporte extremadamente importante a la historia de Bolivia. El propio himno nacional boliviano ha sido compuesto por un músico italiano, el romano Leopoldo Benedetto Vincenti. Domenico Zipoli y otros compositores italianos han fundado la gran música del barroco mestizo en las Misiones bolivianas. Decenas de arquitectos italianos han diseñado los palacios de gobierno en Sucre, La Paz y otras ciudades del país. Desde Bernardo Bitti hasta Alfredo La Placa los pintores italianos y de origen italiano han contribuido a plasmar durante los siglos el arte plástico boliviano. Pero ha sido un mutuo intercambio. Los italianos, estoy convencido, han recibido de Bolivia y de los bolivianos cuanto, o quizás más, que lo que han dado. Miles de familias han encontrado aquí la riqueza que nuestra patria un día no supo darles. Otros han encontrado amor, cariño, inspiración, crecimiento profesional, confronto con otras culturas, otros pensamientos, otras ideas. El intercambio, la historia nos enseña, siempre es progreso.
Hoy en día la amistad italiana se expresa sobre todo a través de la cooperación. La construcción de la represa de Misucuni, que abastecerá agua potable a un millón de habitantes en el Departamento de Cochabamba, la realización del tramo Toledo-Ancaravi de la carretera Oruro-Pisiga, el apoyo al sistema socio-sanitario del Departamento de Potosí y a la formación junto con UNICEF de todo el personal de las Defensorías de la Niñez a lo largo del País, la amplia y rápida entrega de alimentos de emergencia en favor de los damnificados por la inundación no quieren decir sólo decenas de millones de dólares, sino también y sobre todo voluntad de participar como socios, amigos, hermanos, al desarrollo de Bolivia. Las decenas de organizaciones no gubernamentales italianas que trabajan en los sectores hídrico, alimentar, de formación, de búsqueda de formas sostenibles de producción de energía, a veces en el marco de nuestra cooperación bilateral, otras veces en el marco de la Unión Europea, no solo aportan pero también reciben cada día por las bolivianas y los bolivianos. Los cientos de misioneros y religiosos que hacen solidaridad en el País ya no son sólo italianas e italianos, sino parte del tejido social y humano de Bolivia. La colaboración arqueológica, desde la iglesia de San Francisco hasta Tiwanaku, y el programa de lucha a la leucemia infantil no son sólo aportes de nuestras universidades, sino conciencia que el patrimonio de nuestros padres y el futuro de nuestros hijos nos pertenecen a todos como integrantes de la única raza que existe en este planeta, que es la raza humana.
Pero nosotros auspiciamos que un día ya no daremos cooperación a Bolivia, no porque no querremos sino porque ya no haya necesidad, porque este hermoso País haya alcanzado el pleno desarrollo que su pueblo merece y que su pueblo tiene la fuerza y los instrumentos para obtener. Por lo tanto nosotros italianos y europeos creemos en la importancia de otros medios de desarrollo, que son las inversiones extranjeras y el comercio entre Países y Regiones iguales, socios, partner y amigos.
Las empresas italianas, sin ninguna excepción, han invertido en este País dando muestra no sólo de perseguir un beneficio económico, como es natural y legitimo en la actividad empresarial, sino también de gran atención ética y sensibilidad social. Han creado puestos de trabajo, garantizado ingresos a miles de familias, construido obras y estructuras públicas, aportado avances tecnológicos notables. Nuestro auspicio es que esta presencia crezca y que ojalá en un futuro no muy lejano se pueda hablar de inversiones también bolivianas en Italia y en Europa.
Este año también festejamos cincuenta años del Tratado de Roma que dio luz a la Comunidad Europea con seis Países Miembros, hoy en día Unión Europea con veinte siete Miembros. Por primera vez en la historia de la humanidad, o por lo menos en la historia de los Estados modernos, un grupo tan fuerte y numeroso de Países, que pocas décadas atrás se habían combatido en sangrientas guerras fratricidas, ha decidido libre y autónomamente de ceder un segmento importante de su soberanía - la moneda, las políticas económicas, las fronteras, las negociaciones con otras Regiones, una parte considerable de su política exterior y de defensa - delegándolo a otra entidad, aún no un Estado federal pero ya mucho más que una Comunidad sobranacional. Italia siempre fue, es y será un País fuertemente europeísta, y confiamos que el exitoso ejemplo de la Unión Europea pueda ser repetido, por supuesto con propias características, en otras Regiones del planeta.
Y finalmente, los lazos culturales entre Italia y Bolivia, que tienen las sólidas raíces antes mencionadas, deben aún más profundizarse, y es también nuestra tarea como Embajada. Este año por primera vez lograremos estar presentes, como participación oficial del País, en todos los grandes eventos culturales bolivianos: el encuentro internacional de historieta, la feria internacional del libro, el fotoencuentro y la SIART, o sea bienal del arte. Sin olvidar otras presencia en el marco de Unión Europea, como el encuentro musical y el festival del cine. Por eso y por todo lo demás, deseo aprovechar la oportunidad para agradecerle sinceramente a todo el personal de la Embajada, inclusa la oficina de cooperación y todos los otros sectores.
¡Montes graves, graníticas hazañas,
como inmóvil galope de montañas,
no pasaréis aunque la tierra pase!
¡Yo os llevo para siempre en mis entrañas!
Son versos del más grande poeta boliviano, Franz Tamayo. Nosotros también, italianos que amamos a Bolivia, llevaremos siempre en nuestros corazones los montes de este altiplano.
¡Qué viva Bolivia!
¡Qué viva la Unión Europea!
¡Qué viva Italia!

Notas legales
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credits | F.A.Q.